lunes, 2 de diciembre de 2013

Mi sombra perdida.

Soñamos con ser mayores. 

Tan altos como papá, tan guapas como mamá, tan independientes como mi hermana, tan alocados como mi hermano. Solo queremos crecer y poder ser tomados en cuenta. Que no haya ningún problema que no podamos resolver porque los mayores son supheróes sin capa

Qué irónico. Creemos que tienen súper poderes, por eso se les ve tan implacables. Esa es la razón más sencilla que de niños encontramos. Porque en la infancia no sabemos lo que se esconde detrás de cada una de las miradas de los mayores. 

Somos inocentes. Ellos dejaron de serlo. 

Ahora empiezan los problemas de verdad, ahora es cuando comprendes porque nunca has visto llorar a papá y a mamá. 

Cuando creces ganas conocimiento, ganas libertad pero toda libertad tiene responsabilidades. Derechos y deberes, algo tan usado por los niños que ni siquiera saben su significado más allá del uso simple que razonan para ellos. Los adultos saben la verdad y por eso siempre dicen que no crezcamos tan rápidos.

 Si nos contaran la verdad, a lo mejor dejaríamos que Peter Pan nos llevara con él a Nunca Jamás pero… Como siempre el mundo de los adultos es una mentira tras otra que los niños no sabemos identificar. 

Crecer. 

Madurar.

 Es algo que por naturaleza se tiene que hacer y ahora que estoy en la etapa media, ruego a Peter Pan que mi ventana está abierta. Vuela y llévame a Nunca Jamás. Pero sé que jamás llegarás.


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