Soñamos con ser mayores.
Tan altos como papá, tan guapas como mamá, tan independientes como mi hermana,
tan alocados como mi hermano. Solo queremos crecer y poder ser tomados en
cuenta. Que no haya ningún problema que no podamos resolver porque los mayores
son supheróes sin capa.
Qué irónico. Creemos que tienen súper poderes, por eso se les
ve tan implacables. Esa es la razón más sencilla que de niños encontramos.
Porque en la infancia no sabemos lo que se esconde detrás de cada una de las
miradas de los mayores.
Somos inocentes. Ellos dejaron de serlo.
Ahora empiezan
los problemas de verdad, ahora es cuando comprendes porque nunca has visto
llorar a papá y a mamá.
Cuando creces ganas conocimiento, ganas libertad pero
toda libertad tiene responsabilidades. Derechos y deberes, algo tan usado por
los niños que ni siquiera saben su significado más allá del uso simple que
razonan para ellos. Los adultos saben la verdad y por eso siempre dicen que no
crezcamos tan rápidos.
Si nos contaran la verdad, a lo mejor dejaríamos que
Peter Pan nos llevara con él a Nunca Jamás pero… Como siempre el mundo de los
adultos es una mentira tras otra que los niños no sabemos identificar.
Crecer.
Madurar.
Es algo que por naturaleza se tiene que hacer y ahora que estoy en la
etapa media, ruego a Peter Pan que mi ventana está abierta. Vuela y llévame a
Nunca Jamás. Pero sé que jamás llegarás.