Tic-tac…
tic-tac… tic-tac…
Es el sonido del reloj de cuco, se alza grande y poderoso
frente a mí que soy una pequeña ráfaga de viento en la vida. Se puede apreciar
el paso del tiempo incluso en él; pero la verdad, los muebles también tienen
heridas interiores y externas como los humanos causadas por los buenos o malos
momentos que viven y observan. Siempre aprecie sus líneas, las cuales me
recordaban la silueta de un cuerpo humano, al final los muebles no son tan
distintos de nosotros.
Paso mis ojos por él; empiezo por sus cortas y redondas
patas, son más oscuras que el resto del cuerpo porque es duro sostener tantas
historias y un alma. Subo la mirada hasta su caja donde se mueve el medallón
sin descanso en un ritmo constante como el de un corazón, su propio corazón.
Recuerdo que de pequeña todos los días pedía que abrieran su coraza para poder
oír mejor su latido, me relajaba y transportaba a tiempos pasados. Me fijo en
el reloj, los números romanos en negro parecen tener vida propia. Las agujas son
tres; la hora que siempre me recuerda a una persona vaga que solo es capaz de
moverse después del esfuerzo de las demás sino mantenía su posición impasible
ante el mundo y ante ella misma; el minutero era alguien trabajador pero
temeroso del futuro incierto por ello esperaba que alguien le animara; por
último el segundero…
La gente no le damos ninguna importancia pero la tiene
¡claro que la tiene! Él tiene el poder, quien posee el valor de seguir
adelante, solo desea cumplir su misión: avanzar sin mirar atrás y hacer que los
demás sigan aunque él sufra por ir solo.
Las personas solo saben echarle la culpa con frases como:
por qué va tan lento, por qué no tuve cinco segundos más, etc. Nadie piensa que
él únicamente quiere ayudar a que el tiempo fluya y vuele, por eso corre y no
se detiene. Gracias a él se mueve el minutero, pasan las horas y lo más
importante vivimos, además contamos los segundos para encontrar a las personas
que queremos y añoramos.
Yo siempre he admirado al segundero, su aguja fina y elegante
siempre era desapercibida por ser la hermana pequeña de la familia. Su padre,
el relojero, le pide la perfección porque para que sus hermanas miren hacia el
futuro, ella debe ser perfecta e ir delante.
Ella es pequeña y tiene miedo, no es para ir delante del mundo porque
hay demasiados peligros delante suya.
Simplemente es una niña que avanza en la oscuridad.
Ella teme pero sigue aunque nadie le agradezca su duro
trabajo o su gran valor escondido, aún así ella sigue sonriendo al mundo y
muestra la mejor de sus sonrisas. Quiero ser como ella, sonreír por siempre y
para siempre.
Llega la ocasión, la veo y sonrío, al fin…
Las agujas marcan al unísono las doce, es uno de los pocos
momentos en que las hermanas se juntan pero este es el más mágico y especial.
Suenan las campanas de la catedral, el reloj las acompaña formando una única
banda en todo el mundo que da entrada a la media noche. Solo una vez cada hora
las hermanas se encuentran, no es suficiente tiempo y lo saben pero el padre no
lo puede cambiar por mucho que quiera. Ella les abre el camino a la luz.
La luz y la oscuridad, en todo el mundo se juntan ambas. A
cada momento podemos ver luz u oscuridad, se ve en las sombras y en el brillo
que tiene cada objeto, lugar y ser vivo. Recuerdo que una vez mi abuelo me dijo
que esa luz y esa oscuridad se cultivan con los actos, pero para mí los objetos
tienen luz y oscuridad aún sin acciones. Una mesa tiene luz, nos ayuda a
escribir, a apoyarnos y no caer, pero también hay objetos oscuros que sirven
para causar dolor solamente.
Pero… ¿qué tiene el reloj? No es luz ni oscuridad, él solo
es tiempo. En el tiempo no se distingue lo bueno y lo malo, solo el paso del
tiempo y la experiencia que se consigue con él.
Las hermanas no son luz u oscuridad, solo tiempo, el tiempo causa que
nosotros tengamos luz u oscuridad pero él no tiene por sí solo.
Ojala fuera tiempo sin luz y oscuridad solo tiempo…
El tiempo de los objetos, lugares y seres vivos se acaba
pronto o tarde excepto el verdadero tiempo quien siempre estará en la máxima
soledad.

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